En estos tiempos difíciles, en los que las motos norteamericanas están fabricadas en Japón y los langostinos de Sanlúcar vienen de Namibia, es bueno poder confiar en alguien. Bruce Sprigsteen sigue siendo, a sus 58 años, toda una garantía de calidad. De autenticidad. De precisión y pasión. Tiene menos recorrido físico que hace 20 años, de acuerdo, pero sus dos horas nocturnas de rock and roll siguen siendo el principio y el final del mundo. Ayer ofreció en Madrid un concierto perfecto, con 25 canciones agrupadas en varios bloques sólidos como muros de carga. Enlazó una desconocida e intensa “Reasons to Belive” con “Darkness in the Edge of Town”, “Candy´s Room”, “She´s the One” y “The Promised Land”. Cerró la primera parte con “Long Walk Home” y una épica “Badlands”. Y después unió para la eternidad “Thunder Road” y “Born to Run”. Había magia en la noche madrileña.Pero qué demonios, ¿esto no es un blog de televisión?
Fuente: eldescodificador
Archivado bajo: Música