Despiden a Pablo Pazos
por Flavia y Quintín
Recién llegados a Buenos Aires nos encaminamos, como solemos hacerlo, hacia la librería Guadalquivir. Al pasar por el Carlos Pellegrini, vimos una multitud en la puerta: alumnos y profesores festejaban la renuncia del decano. Había buen humor en el ambiente. Pero al doblar la esquina y entrar en la librería nos chocamos con una mala noticia. Inmediatamente notamos algo extraño, ya que nos atendió un individuo con aire hostil con los clientes que transmitía también un aire hostil con los libros. Pensamos que era un empleado nuevo, pero sus modales contrastaban con el habitual buen ambiente del lugar. Buscan algo, dijo el tipo con tono de vendedor de shopping. Le preguntamos por nuestro amigo Pablo, el encargado del local y nos contestó con aire de capataz: Pablo no trabaja más acá. ¿Eh? ¿Y dónde está? No tengo idea, replicó el sicario.

Fuente: lalectoraprovisoria
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