Depende como lo mires

Desde hace veinte horas que estoy esperando para agarrar a Marcelo de la solapa, y hace un rato, cuando Matías por fin salió a comer, llegó el momento de hacerlo.

Mi plan era simple: derretirle la cara con el agua hirviendo del mate, dejarlo ciego de por vida y una vez ciego, patearle el bastón o empujarlo en avenidas hasta que lo pise un auto. Pero en el momento de hablar, la verdad es que escuché tantas cosas raras que no pude hacer más que llorar de bronca.

Lo primero que le dije a Marcelo Ugly fue que nosotros dos no fuimos ni somos nada. Ni siquiera amigos. Que no tuvimos ningún tipo de relación, que salimos dos veces y que él me raptó para llevarme a un camping. Después me quedé callada para ver qué decía, porque si contestaba que yo tenía razón era un hijo de puta, pero si decía que éramos marido y mujer estaba loco de remate.

Sin embargo, no se me ocurrió pensar una opción intermedia, algo que no me diera bronca. Que me diera miedo. Algo como esto: “Mirá, ese es tu punto de vista, yo no pienso lo mismo. Yo creo que algo hay, pero no sé, respeto tu opinión, cada uno es libre de pensar lo que quiera”.

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Fuente: ciegaacitas 

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