Más autorreferencia

Hay una escena inolvidable en “Una noche en la ópera” de los Hermanos Marx en la que Otis B. Driftwood (el genial e incomparable Groucho) hace la presentación en el teatro del tenor Rodolfo Lassparri (uno de los malos de la película) y entre otras notas biográficas comenta:

… y su mamá fue una famosa cocinera italiana que tuvo la genial idea de rellenar los macarrones con bicarbonato, con lo cual causaba y curaba las indigestiones al mismo tiempo.”

Pues algo similar podríamos decir de esta pieza maestra de la señalética mostrada más abajo, que causa accidentes y los evita a la vez, avisando del peligro de los mismos. Es una pena el diseño minimalista del cartel, ya que el autor podría haberse lucido con un toque de efecto Droste.

escalera autorreferente

El siguiente cartel también es autorreferente, pero es más provocativo en plan profecía autorrealizada. A mí al menos no se me hubiera ocurrido tirarle una piedra, pero ya que se menciona la posibilidad…

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Fuente: singularidad 

Adivina quién viene a cenar esta noche

Ayer cuando me desperté, por un momento creí que la noche anterior había sido una pesadilla. Pero como los héroes que confirman su aventura cuando encuentran un amuleto o una pluma de dragón debajo de la almohada, yo supe que la noche anterior había sido real, porque Rodrigo roncaba al lado mío.

Me arrastré de la cama al baño, como si tuviese grilletes en ambas piernas. Me miré al espejo y tenía la cara hinchada por el llanto y el maquillaje. Rodrigo entró, me dio un beso en la frente y se puso a hacer pis como si yo no estuviese ahí. De hecho se rasco, bostezó y tarareó una canción como si yo no estuviera en el baño.

Pasaron las horas y no pude echarlo. Me dio cosa. O no me quise quedar sola. O no tuve energías para plantearle que se vaya. La verdad es que no sé cómo, pero el final del día me sorprendió con el mismo camisón, llorando bajito en la cama, mientras él miraba televisión, se reía a los gritos pelados, y me pedía que vaya a ver algo cada dos minutos.

Durante el día arrasó con todo lo que había en la heladera. Con todo. Hasta con los yogures descremados y la gelatina. Pero a la noche, sin decirme nada, pidió la cena por teléfono y se vino a comer conmigo a la cama. Me trajo hasta servilletas (que en el mundo de Rodrigo es una galantería). Y vimos televisión como dos viejos casados hace cuarenta años que sólo hablan de los quehaceres domésticos y el clima,  pero que saben cuando el otro está triste, y simplemente están ahí, buscando películas malas en el cable y consiguiendo comida china.

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Fuente: ciegaacitas 

¿Soy o no un progresista?

En busca de la identidad perdida

por Janfiloso

Un reciente diálogo entre F y Q me sumó en el más profundo ostracismo intelectual. Casi diría un estado predepresivo, un inmovilismo del cual sólo pude salir luego de varios días de completa introspección que me permitieron arrojar algo del luz sobre el dilema.

 

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Si F y Q se atreven a dudar respecto de su ubicación dentro del progresismo ¿qué queda para mí? ¿Soy o no soy un progresista? ¿Si no soy un progresista, qué soy? Se entenderá después del planteo del problema, que toca la esencia misma de mi ser, y por qué una respuesta adecuada a esta cuestión es una condición “sine qua non” para que la vida misma tenga sentido.

Recurrí, en primera instancia, a la ayuda de mis amigos, pero no hicieron más que ahondar mi sufrimiento. Unos dijeron: “sos un progresista de primera, odiás el ‘statu quo’ y siempre buscás la novedad en todo”. Otros me dijeron: “siempre fuiste un retrógrado, detestás la novedad y te encanta el ‘statu quo’”. Perdido y humillado por el resultado de mi primera investigación, se comprenderá ahora mi ineludible caída en el peor de los ostracismos.

Recurro a la música. Hasta que lo conocí a Dasbald, yo suponía que era un progresista en mi gusto musical, luego entendí que soy un retrógrado. La Enananegra tampoco colaboró en mi búsqueda. Me gusta Mozart, Bach, Beethoven, Haydn, Schubert, Schuman; me emociono si suena la obertura de Tannhäuser, pero si empieza el primer acto me quiero suicidar; ¿Mahler? ¡Socorro! Puedo recitar La Traviata, Rigoletto, Carmen, me emociono con Puccini, pero un día escuché Bomarzo y creo que ese día preferí estar muerto. Mato por el primer Miles Davis, muero por el último; vibro con Art Tatum, me suicido con Chick Corea. De tango y folclore ni qué hablar, no voy a insistir en mis preferencias.

¿Quién soy, por favor, qué soy?

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Fuente: lalectoraprovisoria 

Letra del año 2008: Gobierna Yemayá y cogobierna changó

CONSEJO CUBANO DE SACERDOTES MAYORES DE IFA
LETRA DEL AÑO 2008

Signo: Iguori ogbe ( Iguoribolbe )
Profecía: Ire Arikú Oyale lese Olokun. ( Aldimú ) Ofrenda variada de frutas, viandas, etc.
Gobierna: Yemaya
Acompaña: Changó.
Bandera: Azul con ribete rojo.

EBO: 1 gallo, 4 palomas, 2 cabezas de carnero, una palangana de agua de mar, granos de todo tipo, una campanita, un palo del tamaño de la persona, tierra de un remolino, papeles firmados de trabajo, melón de castilla, dos velas, un coco, pescado ahumado, jutía ahumada, maíz tostado, aguardiente, opolopowo.REFRANES DEL SIGNO.
1- Lo que el viento se llevó.
2- Con la calma todo llega a la normalidad.
3- Hojas del árbol caído, juguetes del viento son.0
4- Es preferible la muerte a la humillación.
5- Se puede oír, pero no mirar lo que sucede detrás de la pared.

OBRAS DEL SIGNO.
Hacer Awan a Olokun.
Poner hojas de azafrán debajo de la almohada
Criar dos gansos.
Tocar la campana de Ochun a las doce de la noche.

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Fuente: agentesecreto 

Quiero ser un emo más

Los emos follan más que tú y yo juntos. Que ya sé que no tiene demasiado mérito, pero partamos de ahí, porque mira que pocas cosas habrá que jodan más en el mundo. O sea, el hecho de que un tipo que lleva una rata muerta por pelo se lleve a todas las chicas de calle mientras tú te quedas con tus chistes desfasados más sólo que la una no me hace demasiada gracia. Al emo en cuestión sí, claro. En la medida en que algo le pueda hacer gracia a un ser de estos. En serio: Ni los comecacas de palo, ni las otakus histéricas, ni los góticos, ni los visuals, ni los neonazis, ni los adoradores de Satán, ni Pedro Ruiz. Nadie jamás me dará tanta rabia como los emos.  Es por ello que he decidido convertirme en uno de ellos, infiltrarme en su sociedad secreta y descubrir qué hay detrás de tanto sufrimiento hacia el mundo, corte de venas, pelo tapando un ojo y grupos deprimentes. Tiene que haber algo, algún sentido, maldita sea. Quiero ser un emo.

Así que me he puesto a ello desde ayer mismo. 2008, el año del sufrimiento y la negrura de la vida. Hey, no es difícil. Lo primero de todo es esperar que el flequillo me tape el ojo izquierdo, obviamente maquillado con línea de ojos negra. Lo siento, mamá, sé el disgusto y el susto que te vas a llevar, pero es necesario ser como todos para afianzar mi individualidad. ¿Dónde se ha visto sobrellevar los problemas con el pelo cortito y recatado? ¿Y con los ojos sin maquillar? Nada, nada. El pelo, peinado sobre un ojo. Ser tuerto es lo que he querido toda mi vida (en realidad fue el Escalestri, pero tampoco vamos ahora a ser picajosos), y oye, en el caso de que deje de ser emo para antes de octubre, siempre puedo peinarmelo bien para el cosplay de Phoenix Wright. Con el pelo así, ya sólo me queda maquillarme todas las mañanas, lo justo para que me miren por la calle pero no se atrevan a señalarme debido al temor de contagiarse, y hacerme un par de piercings en el labio, la ceja, los pezones y el maxilar derecho. Necesitaré dolor para recordarme que estoy vivo. Y lo siento, mamá, pero tendré que pedirte dinero para comprarme ropa de esta que cuesta cientos de euros pero que aparenta haber costado ocho en un mercadillo de pueblo. Es lo más. Una vez así, ya sólo me queda estudiar algo de historia por si acaso se tercia entre depresión y falso corte de venas, poner cara triste e infiltrarme en un grupo de estos. Hay miles de ellos por Barcelona (en serio, está infestada). Sólo me hace falta coger un avión y plantarme allí. Seguro que me adoran.

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Fuente: blogderandy 

La mesa está servida

Mi almuerzo fue de lo más raro. Y no por la ensalada que comí, ni por el agua saborizada, ni por la insípida manzana verde con la que me atraganté después.

Como casi todos los mediodías, hoy almorcé en el comedor. (No tengo tanta elección ahora que tengo que hacer dieta, después de todo) pero para prevenir visitas incómodas, esta vez elegí una mesa que tenía gente (gente que no soporto, pero que al fin y al cabo ocupaba el lugar del banco que yo necesitaba que ocupe).

A los dos o tres minutos, sincronizadísimo, entró Marcelo con una bolsa de Mc Donalds otra vez y al ver que no había lugar, se puso a comer en la mesada. Quiero que sepan que además de la hamburguesa tenía una coca cola enorme (Marcelo toma coca cola sólo en emergencias, si no tiene ninguna otra opción. Tiene incorporado ese discurso de que la coca cola afloja tuercas, como quien se aprende de memoria el ave maría).

Sentí un alivio esperanzador por cinco o seis minutos, hasta que dos idiotas que estaban al lado mío y que comían más rápido que unos hipopótamos desaforados, se levantaron para volver a trabajar. Ni bien Marcelo los vio, agarró su bolsa y empezó a caminar hacia mi lugar.

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Fuente:  ciegaacitas

Fragmentos de domingo

Boca, los loros y Danilo Kis

por Quintín

El día es largo o muy corto. Las dos sensaciones se alternan. Por ejemplo, ahora son las seis y cuarto de la tarde y siento que no hice nada. Tengo tres notas que escribir, una de ellas larga y complicada. Además de atender el blog. Y no hice nada. Pero al mismo tiempo, pasaron muchas cosas desde que nos despertamos a eso de las ocho menos cuarto. Creo que fue por el empate de Boca. Se oían gritos y bocinazos. Ahí me di cuenta de que me había olvidado del partido. Terminé de ver el primer tiempo pero no estaba motivado para el fútbol. Así que desayunamos con Flavia y nos fuimos a caminar, aunque dejé grabando el segundo tiempo.

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Fuente: lalectoraprovisoria